Del reloj bolsillo al de muñeca

Del reloj bolsillo al de muñeca

El primer reloj pulsera fue diseñado en 1810, por el maestro relojero Abraham-Louis Breguet para la reina Carolina de Nápoles. Mas no fue hasta después de la Primera Guerra Mundial que el reloj de pulsera por fin logró destronar al reloj de bolsillo y conquistar las muñecas del público común.

Mientras tanto, los relojes de bolsillo permanecerán como los reyes. En aquella época, no eran solo aparatos prácticos, sino valorados símbolos de estatus. Por lo mismo, estos eran pequeños tesoros familiares que se transmitían de generación en generación. Así pues, hasta 1914. 

Dentro del caos de la guerra, coordinar ataques, seguir órdenes con precisión y simplemente gestionar las rutinas diarias requería una forma rápida y accesible de consultar la hora. Tener que estar buscando un reloj por tu bolsillo era una rotunda pérdida de tiempo. Como respuesta, nació el "reloj de trinchera": relojes de bolsillo adaptados con correa, cubiertas metálicas resistentes y manecillas que brillaban en la oscuridad.

Al terminar la guerra, los soldados regresaron a casa con sus relojes en la muñeca… y sin saberlo, cambiaron la historia de la relojería. La gente pronto notó la practicidad de llevar el tiempo al alcance de la vista, y los relojes de pulsera comenzaron a reemplazar a los de bolsillo. Aún así, los relojes de bolsillo seguían siendo posesiones muy preciadas para sus dueños, y no estaban a punto de condenarlos al fondo de un cajón polvoriento. Consequentemente, asas fueron soldadas a la caja y correas colocadas,  transformándolos en las primeras versiones civiles del reloj de pulsera.

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